William C. Gordon: “Si una novela negra está bien hecha, no importa de dónde venga”

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William C. Gordon    /Fotografia de Núria Falcó

William C. Gordon, escritor norteamericano nacido en Los Ángeles de 1937. Antes de entrar en el mundo de la literatura, fue Oficial en el ejército de los Estados Unidos y abogado. El mundo judicial le ha permitido ir un paso por delante en la literatura negrocriminal. Impulsado por su mujer Isabel Allende, su obra le ha merecido calificaciones como la de “ser uno de los único supervivientes de la novela negra en estado puro”.

Conservando los rasgos iniciales del género y con el estilo detectivesco de los años sesenta, Gordon ha recreado un reportero de sucesos llamado Samuel Hamillton; protagonista de ‘Duelo en Chinatown’, ‘El rey de los bajos fondos’,‘El Enano’, ‘Vidas Rotas’ y la reciente ‘Las esferas del poder’. Un coche robado, un fotógrafo y un abogado es todo lo que necesita para indagar en sus casos. E intuición, mucha intuición.

Como si se tratara de un detective, Gordon nunca abandona su Borsalino negro, que ya se ha convertido en su icono. De trato amable y con una sonrisa contagiosa, el autor no tiene problema en dejar al descubierto toda su biografía. Las palabras que escribe nunca son en vano; tampoco las que ha compartido con nosotras. Todo tiene su sentido.


¿Cómo llegó usted a ser escritor? ¿Por qué escogió este género?

Es una historia un poco larga. Mi padre era escritor. Viéndolo escribir supe que yo también iba a serlo. Siendo abogado veía que los años iban pasando, que me estaba haciendo viejo y estaba cansado de ejercer. Y un día entró Isabel Allende en mi vida. Le dije que quería escribir un libro sobre mi historia, ‘El plan infinito’, y ella me respondió, con una gran sonrisa: “déjame hacerlo, yo lo haré mejor”. A lo que respondí: “of course”. Cuando ya hacía diez años que estábamos juntos desde que me robó la idea, decidí que tenía que escribir algo. Empecé con la novela de un enano pervertido, pero cuando se la enseñé me dijo que de ningún modo podía publicar ese libro; que era un enano asqueroso y ninguna mujer querría acostarse con él. “¿Por qué no te dedicas a libros policíacos? Eres abogado y sabes mucho acerca del tema forense”, me propuso. Años atrás yo había escrito un cuento llamado Todo lo que se puede comer. Lo convertí en el primer capítulo de Duelo en Chinatown y de allí escribí el libro. Así empezó todo.

¿Tiene alguna rutina a la hora de escribir?

Tienen que saber que mi mujer se levantaba a las seis de la mañana, se hacía el café, se vestía y trabajaba 14 horas al día. Yo, según ella –y es cierto-, no puedo concentrarme más de once minutos.  No sé cómo salieron las 700 páginas del libro inicial.

¿Cuánto tardó en acabarlo?

Dos años. Soy consistente pero durante poco tiempo. De niño era muy activo, y así he seguido toda la vida. Antes hacía todo lo posible por no escribir, y luego al fin del día me ponía unos pocos minutos.  Sin embargo, el último año me deprimí mucho porque murió mi hijo menor. Me costaba más concentrarme, por lo que decidí cambiar mi rutina y trabajar por la mañana, que es cuando tengo más energía.

William C. Gordon amb Meritxell Batlle

William C. Gordon amb Meritxell Batlle

Usted ha ejercido durante muchos años de abogado y ha sido un importante defensor de la comunidad de habla hispana en California. ¿Qué casos trataba?

Yo representaba trabajadores mejicanos, al principio, y luego sudamericanos y centroamericanos en conflictos laborales.  No quería representar criminales porque me habría dado mucha pena si uno de ellos hubiera ido a la cárcel yo siendo el abogado. Aunque me encantaba el proceso criminal: leí más de 50 libros de forenses. Hace 10 o 15 años, los republicanos, de la derecha, se metieron en el gobierno y destruyeron todos los derechos de los trabajadores. Me cansé de hacer esto, sabía que algún día iba a salir.

¿Alguna vez se ha inspirado en alguno de ellos para escribir tus novelas?

Sí, muchos casos han salido en mis libros.

¿Por ejemplo?

En el segundo libro salió un caso de asesinato en una compañía química. Yo tenía clientes que trabajaban en ellas, y tanto ellos como sus hijos tenían heridas horribles. Quería que este tema se supiera, la empresa los estaba matando. La búsqueda de una justicia social para el trabajador es un aspecto muy importante en mi trabajo.

Acerca del libro ‘El plan infinito’, que publicó su mujer, ¿cómo se siente uno al ver su vida escrita por otra persona?

Siempre digo que quien quiera leer de mí, debe leer a Isabel Allende, pero si quiere saber de mí, debe leer mis libros. Hemingway dijo que todo lo que escribe uno es autobiográfico, y es cierto. Por esto, también es importante no tirar nunca una cosa que hayas escrito; siempre la puedes volver a usar. Yo soy el ejemplo perfecto: mis primeras 700 páginas me han servido para tener esta carrera de 15 años. Desde que las escribí, rescato la misma historia, la remuevo, trabajo las cosas y las hago mejores.

¿Cuál es su novela negra predilecta?

Sherlock Holmes, con todas sus cosas, tiene casos fantásticos. Pero mi escritor favorito no es de novela negra. Es de William Somerset Maugham. Si tienen oportunidad, les digo a todos sus lectores que lean sus cuentos. En cada uno al final hay un ‘twist’ inesperado, nunca sabes lo que vas a pasar. Eso intento yo en todos mis libros: nunca es lo que tú esperabas que iba a ser.

William C. Gordon amb Marina Riera

William C. Gordon amb Marina Riera

¿La situación de la novela en Estados Unidos es parecida a la de aquí?

Allí es muy popular. La mayor parte de los lectores son mujeres, como siempre. Aquí las novelas son más literarias que en Estados Unidos. Esto me molesta porque las americanas actuales son aburridas y las viejas eran muy buenas. Ahora hay muchos autores que se aprovechan. Tienen una fórmula de fama y van sacando ‘best sellers’, pero eso es una cagada –perdón-. ‘It’s terrible’. No hay demasiados escritores americanos que me gusten.

Dicen que tendemos a leer más escritores de fuera que del propio país. ¿Cree que la procedencia de una novela marca su calidad?

En absoluto. Yo leo españoles – no mucho porque tardo más – pero también leo brasileños, cubanos y muchos otros. Si una novela negra está bien hecha, no importa de donde venga.

¿Se plantearía escribir una historia ambientada en Barcelona?

Me gustaría si tuviera la sabiduría del lugar. Eso es muy importante. Por ejemplo, debes  tener cuidado con el uso del idioma. Si creas un personaje de Barcelona, tienes que contar su historia en su propia lengua. Es bastante complicado pero se puede hacer.

¿Es por eso que siempre ubica sus novelas en el Chinatown de San Francisco?

Sí bueno, pero yo también invento cómo hablan los chinos el inglés. O los hindús o los mejicanos. Tampoco estos últimos hablan el español como aquí. Uno tiene que tener cuidado. Para mí es natural porque yo hablo el mexicano de allá. En la traducción de uno de mis libros han puesto la palabra ‘gilipollas’. Pero esto no existe en mejicano y todos me preguntan que qué es. Es muy divertido.

¿Nunca se ha planteado escribir sus novelas en español?

No. Como dice Isabel, la voz “tiene que salir del vientre”, tienen que ser en tu lengua madre.

William C. Gordon amb Núria Falcó

William C. Gordon amb Núria Falcó

Siempre lleva el sombrero. ¿Tiene algún significado especial?

Este (levanta su sombrero mientras enseña su calvicie y ríe). Además no tengo mucha melanina. Primero empecé a usar sombreros australianos, pero eran muy pesados. Entonces fui a los italianos, al Borsalino, que es más liviano.

Parece un detective de novela negra.

Sí, especialmente cuando llevo el Borsalino. El mismo que Humphrey Bogart llevaba siempre en las películas.

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